Hasta en un 98 por ciento, la leche materna puede prevenir los factores que desencadenan la obesidad en los niños, así como enfermedades gastrointestinales y respiratorias en los recién nacidos, según médicos especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en el marco de la celebración de la Semana Mundial de Lactancia Materna que se desarrolla del primero al siete de agosto.
Diariamente en el Instituto nacen más de mil 300 niños, para los que se lleva en forma permanente, un programa anual de concientización de la importancia de la leche materna desde 1991, cuando el IMSS se une al Comité Nacional de la Lactancia Materna en México.
Bertha Elizabeth Montejo Trejo, pediatra en el Seguro Social, señala que la leche materna es el alimento ideal para el recién nacido, rica en vitaminas A, B12, B9, C y E con sustancias únicas, entre ellas la proteína llamada “leptina”, encargada de regular al organismo e indicar la cantidad de comida que necesita el cuerpo sin excederse.
La especialista comentó que gracias a la difusión de la importancia de la alimentación con leche materna, actualmente existe un nivel de aceptación del 85 por ciento en las madres derechohabientes para amamantar a los niños durante los primeros seis meses de vida.
Mencionó que los nutrimentos de la leche materna van variando incluso en el transcurso del día; difieren en cantidad y sustancias en la mañana, tarde y noche; contrario a lo que sucede cuando se alimenta exclusivamente con fórmula, que es siempre la misma concentración, por ello en ocasiones el niño puede desarrollar obesidad.
Al igual que la dieta mediterránea, la alimentación básica de Japón, se compone de alimentos muy saludables que son responsables de las bajas tasas de sobrepeso, obesidad y otras patologías de sus habitantes.
Asimismo, los japoneses forman parte de grupos más longevos del mundo y ésto se atribuye, fundamentalmente a su alimentación.
La cocina japonesa consigue una dieta sana y equilibrada debido a que incluye como su base arroz, pescado, algas, verduras y derivados de la soja.
Se caracteriza por incluir una gran variedad de alimentos que pueden llegar a los 30 de diferente tipo en un sólo día, pero se consumen combinados en sus platos y en pequeñas proporciones.
Las calorías de la dieta japonesa no supera las 2300 calorías por día en los hombres y entre las mujeres llega a las 1950.
El 63% de dichas calorías son representadas por los carbohidratos, mientras que las proteínas constituyen el 12% y las grasas el 25% del aporte energético total.
Los productos usados habitualmente para la cocina japonesa, como son las algas, el té verde, verduras y derivados de la soja son fuente de antioxidantes, vitaminas y minerales.
Esta composición que se extiende a la alimentación japonesa aporta también, grasas insaturadas y fitoesteroles que protegen al corazón y los vasos sanguíneos de nuestro organismo.
La dieta japonesa sin duda puede ser una guía para nosotros que contribuye al descenso de los índices de sobrepeso, obesidad y demás enfermedades metabólicas que incrementan el riesgo cardiovascular.
Para semejar nuestra dieta un poco más a la japonesa y ganar en salud deberíamos empezar por consumir más pescado, verduras, arroz y productos de origen vegetal como el tofú u otros alimentos a base de soja.
La dieta vegetariana ha sido propuesta por muchos, desde filósofos como Platón y Nietzsche hasta líderes políticos como Benjamín Franklin y Ghandi, e ídolos modernos como Paul McCartney y Bob Marley. La ciencia también apoya la dieta vegetariana, existiendo muchos estudios que demuestran sus beneficios para la salud.
Ser “vegetariano” significa no comer producto animal alguno, incluyendo todo tipo de pescado o aves. Los vegetarianos que consumen huevo y leche o sus derivados se denominan “ovo-lacto-vegetarianos” (ovo=huevo, lacto= leche). Quienes evitan por completo todo producto de origen animal se llaman vegetarianos puros o “vegans.” Se ha demostrado que los ovo-lacto-vegetarianos son más saludables que los que comen carne, y los vegans lo son más que los ovo-lacto-vegetarianos.
La Prevención de Cáncer
La dieta vegetariana previene el cáncer. Muchos estudios epidemiológos y clínicos muestran que los vegetarianos tienen un riesgo cincuenta porciento menor de morir de cáncer que los no-vegetarianos. De forma similar, el número de casos de cáncer de mama es mucho menor en países como China, donde se come una dieta basada en vegetales. Es interesante que las mujeres japonesas que comen una dieta no vegetariana, en vez de su dieta tradicional, tienen ocho veces mayor riesgo de desarrollar un cáncer de mama. Los vegetarianos son también menos afectados por el cáncer de colon. Lo que se come del animal casi siempre es alto en grasa y muy bajo en fibra. La carne y productos lácteos contribuyen a muchos tipos de cáncer, incluyendo los de colon, mama, próstata y otros órganos. El cáncer de colon ha sido directamenta asociado al consumo de carne. Las dietas ricas en grasa estimulan la producción de estrógenos, en particular de estradiol, altos niveles del cual se asocian al cáncer de mama. Un estudio reciente demostró la asociación entre el consumo de productos lácteos y un mayor riesgo de desarrollar cáncer de ovario. El proceso de digerir la lactosa (azúcar de la leche) para convertirla en galactosa, evidentemente daña el ovario.
Cancer Prevention and Survival: La Comida Vegetariana Poderosa para la Salud
La dieta vegetariana ha sido propuesta por muchos, desde filósofos como Platón y Nietzsche hasta líderes políticos como Benjamín Franklin y Ghandi, e ídolos modernos como Paul McCartney y Bob Marley. La ciencia también apoya la dieta vegetariana, existiendo muchos estudios que demuestran sus beneficios para la salud.
Ser “vegetariano” significa no comer producto animal alguno, incluyendo todo tipo de pescado o aves. Los vegetarianos que consumen huevo y leche o sus derivados se denominan “ovo-lacto-vegetarianos” (ovo=huevo, lacto= leche). Quienes evitan por completo todo producto de origen animal se llaman vegetarianos puros o “vegans.” Se ha demostrado que los ovo-lacto-vegetarianos son más saludables que los que comen carne, y los vegans lo son más que los ovo-lacto-vegetarianos.
La Prevención de Cáncer
La dieta vegetariana previene el cáncer. Muchos estudios epidemiológos y clínicos muestran que los vegetarianos tienen un riesgo cincuenta porciento menor de morir de cáncer que los no-vegetarianos. De forma similar, el número de casos de cáncer de mama es mucho menor en países como China, donde se come una dieta basada en vegetales. Es interesante que las mujeres japonesas que comen una dieta no vegetariana, en vez de su dieta tradicional, tienen ocho veces mayor riesgo de desarrollar un cáncer de mama. Los vegetarianos son también menos afectados por el cáncer de colon. Lo que se come del animal casi siempre es alto en grasa y muy bajo en fibra. La carne y productos lácteos contribuyen a muchos tipos de cáncer, incluyendo los de colon, mama, próstata y otros órganos. El cáncer de colon ha sido directamenta asociado al consumo de carne. Las dietas ricas en grasa estimulan la producción de estrógenos, en particular de estradiol, altos niveles del cual se asocian al cáncer de mama. Un estudio reciente demostró la asociación entre el consumo de productos lácteos y un mayor riesgo de desarrollar cáncer de ovario. El proceso de digerir la lactosa (azúcar de la leche) para convertirla en galactosa, evidentemente daña el ovario.
Los vegetarianos evitan la grasa animal—asociada al cáncer —y consumen mucha fibra y vitaminas, buenos preventivos de esta enfermedad. El análisis de la sangre de los vegetarianos demuestra un nivel más elevado de leucocitos especializados en atacar las células cancerosas.
Más tecnología, más globalización y más urbanización generan dietas que incluyen alimentos con un alto nivel de grasas e hidratos de carbono no refinados. Esto se combina con la escasa actividad física y trae como consecuencia alteraciones en el organismo. Estos cambios producen enfermedades crónicas, incluyendo varios cánceres como los de: mama, colon, próstata y esófago.
En los países en vías de desarrollo, la dieta y la nutrición son los responsables del 20 por ciento de estos tipos de cánceres. Mientras que en los desarrollados, la cifra asciende al 30 por ciento. Así lo explican desde la American Cancer Society, de Estados Unidos, organismo que investiga esta enfermedad en todo el mundo.
La nutrición, el alcohol y la actividad física son influencias importantes sobre el riesgo de padecer cáncer. Es por esto que el factor alimenticio puede ser la causa del cáncer que más se puede modificar.
Según los estudios recientes de esta organización, se calcula que entre 20 y 33 por ciento de los cánceres de mama (después de la menopausia), colon, endometrio, riñón y esófago son debido al sobrepeso corporal y la inactividad física. En tanto que el alcohol incrementa el riesgo de padecer cáncer de cabeza y cuello, de hígado y mama.
Buena pregunta… que seguro te habrás hecho en alguna ocasión. Parece mentira cómo puede haber tanta diferencia entre 100 gramos de patatas cocidas o crudas (ni tan siquiera llega a las 100 kcal.) y los mismos 100 gramos de patatas fritas (ya sean las típicas de hamburguesería o las “patatillas” o snacks en bolsa, que pasan de las 500 por el mismo peso). Hoy intentaremos aclararte al menos en parte este hecho.
La patata tiene un gran contenido en almidón, compuesto que, por naturaleza, tiende a absorber una cantidad importante de líquidos, una especie de “esponja” natural, que en su estado normal se nutre de agua. Llegamos al proceso de fritura, donde se produce el violento cambio: La temperatura con la que se fríen las patatas es superior a 100º, pero inferior a la temperatura de cocción del aceite (casi el doble), por lo que ya te puedes suponer lo que pasa: El almidón de la patata pierde agua por lo que procede a absorber el aceite en caliente.
Ten en cuenta que el agua tiene 0 calorías por contra del aceite, que en estado puro tiene casi 9 kcal. por gramo (estamos hablando casi de grasa pura). Además, un aceite que, al freírse, convierte sus grasas insaturadas en saturadas, siendo más perjudiciales para el organismo que las propias del aceite en crudo. Por lo tanto, tampoco creemos que debas renunciar al sabor de una buena patata frita, pero desde Vitónica apostamos por que moderes el consumo de las mismas.
Come Sano Las frutas y verduras son muy buenas fuentes de una multitude de vitaminas, minerales y otras sustancias naturales que podrían ayudar a protegerte contra las enfermedades crónicas. Algunos de esos nutrientes también pueden encontrarse en otros alimentos sanos. Una dieta balanceada y otros cambios en tu estilo de vida son la clave para defender tu buena salud.
Fibra
Las dietas ricas en fibra dietética han demostrado producir una variedad de efectos benéficos, entre ellos disminuir el riesgo de cardiopatía coronaria.
Excelentes fuentes provenientes de frutas y verduras: frijoles blancos, frijoles colorados, frijoles negros, frijoles pintos, habas blancos, guisantes blancos, porotos de soja, chícharos (guisantes) secos, garbanzos, frijoles carita (ojo negro), lentejas, alcachofas
Folato*
Las dietas sanas con cantidades adecuadas de folato podrían reducir el riesgo que corre la mujer de tener un hijo con defecto cerebral o de la médula espinal.
Excelentes fuentes provenientes de frutas y verduras: frijoles carita (ojo negro), espinaca cocida, guisantes blancos, espárragos
Potasio
Las dietas ricas en potasio pueden ayudar a mantener una tensión arterial sana.
Buenas fuentes provenientes de frutas y verduras: camote (batata), pasta de tomate concentrado, puré de tomate, hojas de remolacha (betabel), papa blanca, guisantes blancos, habas blancos, verduras verdes cocidas, jugo de zanahoria, jugo de ciruela pasa
Vitamina A
La vitamina A mantiene saludables los ojos y la piel y ayuda a proteger contra las infecciones.
Excelentes fuentes provenientes de frutas y verduras: camote (batata), zapallo, zanahorias, espinaca, hojas de nabo, hojas de mostaza, col rizada, berzas, calabaza, cantalupo, pimiento rojo, col china
Vitamina C
La vitamina C ayuda a sanar cortes y heridas y mantiene sanos los dientes y las encías.
Excelentes fuentes provenientes de frutas y verduras: pimientos verdes y rojos, kiwi, fresas, camotes (batata), col rizada, cantalupo, brócoli, piña, col de Bruselas (repollitos de Bruselas), naranjas, mangos, jugo de tomate, coliflor
*Según el instituto de medicina una dosis diaria de 400 µg/día ácido fólico sintético (proveniente de alimentos fortificados o suplementos además de las formas alimenticias de float provenientes de una dieta variada) para la mujer en edad de procrear que pudiera quedar embarazada.
1.Ve a tu gráfico. Escoge tu nivel de actividad física. Utilice estas definiciones para determinar el nivel de actividad para tu estilo de vida que es mas elevado que la actividad ligera de la vida cotidiana:
Menos Activo: Promedias menos de 30 minutos al día. Moderadamente Activo: Promedias 30 a 60 minutos al día. Activo: Promedias más de 60 minutos al día.
2.Escoge la escala que contiene tu edad. Tu nivel de actividad física y edad determinan cuántas calorías necesitas cada día y el numero de calorías necesaria diariamente determina cuántas frutas y las verduras debes de comer.
La sal de mesa, conocida comúnmente como sal, es la sal específica cloruro sódico, cuya fórmula química es NaCl. Otras denominaciones frecuentemente son sal marina y sal común.La sal es el condimento más antiguo usado por el hombre y su importancia para la vida es tal que ha marcado el desarrollo de la historia en diversas fases. Es posible que el primer tratado conocido sobre la sal apareciera publicado en China por el 2700 a.d.C..Existe la creencia de que la sal engorda, aunque no es cierto en absoluto pues la sal no aporta calorías. Sin embargo, es cierto que con un exceso de sal aumenta la densidad de la sangre y provoca sed, por lo cual se bebe agua para restablecer el equilibrio salino del cuerpo. Al acumular agua, el cuerpo aumenta su peso.Un consumo elevado de sal en un momento concreto no produce efectos perjudiciales para la salud de forma inmediata. Sin embargo, está demostrado que el consumo elevado de sal de forma continuada se relaciona con un aumento de la tensión arterial (hipertensión). El abuso de sal también se ha relacionado con el cáncer gástrico y con la osteoporosis.. Hay otras enfermedades como la insuficiencia cardiaca o insuficiencia renal o la cirrosis en las que también se recomienda un consumo bajo de sal. Estas enfermedades no están causadas por un consumo de sal elevado, sino que su restricción es una más de las medidas terapéuticas de estos pacientes. Los principales efectos del consumo excesivo de sal son :
-Retención de agua, (con el consiguiente aumento de peso y con la exigencia planteada a corazón, hígado y riñones de manejar mayor volumen de líquido y trabajar por encima de sus posibilidades),
-Aumento del riesgo de hipertensión arterial y empeoramiento de los síntomas asociados a enfermedades del corazón, hepáticas y renales.
-Además, fumadores, diabéticos y obesos ven agravada cualquier disfunción del organismo; el consumo excesivo de sal se ha asociado también a enfermedades tan graves como el cáncer de estómago y la osteoporosis (un alto consumo de sal aumenta la excreción de calcio por la orina, lo que favorece la desmineralización del hueso). En el caso de la osteoporosis, parece que el consumo de cloruro sódico aumenta la excreción de calcio por la orina en mujeres posmenopáusicas, lo cual podría favorecer un agravamiento del cuadro de osteoporosis de estas mujeres
Como reducir el consumo excesivo de sal, consejos y trucos :
-Cuidado con el pan, es una fuente considerable de sal. El pan sin sal puede ser la solución.
-No añadir sal al cocinar: cocinaremos los alimentos sin apenas sal y dejemos que cada uno agregue la cantidad que desee al final.
-Comer más alimentos frescos, que contienen menos sodio.
-Si se come fuera, pida que le sirvan comida con poca sal, y que las salsas y aderezos se presenten aparte, sin mezclar con el alimento principal del plato.
-Recurra a las cocciones al vapor: al no existir un medio con el que el alimento entra en contacto, no hay cesión de sustancias sápidas a dicho medio, y se conserva mejor el contenido natural del sodio en origen del alimento, por lo que se acusa menos la necesidad de añadir sal.
-Disminuir el empleo de salsas como mayonesa, mostaza, salsa de soja o ketchup, sustituyéndolas por guarniciones con menos sal: patatas, verduras...
-Utilice hierbas y especias para condimentar sus platos. No se trata, en este caso, de prescindir la sal, sino de usarla en menor cantidad.
-Tenga siempre a mano productos bajos en sodio.
-Use sal de bajo contenido en sodio.
Por su salud, intente reducir el consumo de sal en su vida cotidiana.