Con el calor destruimos los gérmenes de los alimentos que nos pueden causar alguna enfermedad.
Así, por medio de la pasteurización y la esterilización se obtiene un alimento más seguro para el consumo humano.
Pasteurización:
Los alimentos para ser pasteurizados, se calientan a temperatuas inferiores a 100º C durante un tiempo determinado, y luego se enfrían a 4 ºC . A este tratamiento sobreviven microorganismos resistentes al calor, por lo que los alimentos pasteurizados se tienen que mantener en el frigorífico hasta la fecha de caducidad. Una vez abierto el envase de la leche o los zumos de fruta pasteurizados, tenemos 2 o 3 días para consumirlos, bajo temperaturas de refrigeración.
Esterilización:
Este proceso consiste en envasar un alimento y someterlo a altas temperaturas (superiores a 100 ºC durante un tiempo determinado). Ello hace que se destruyan todos los gérmenes y enzimas del alimento, aumentando así su vida útil.
Todos los alimentos industriales enlatados (carnes, pescados, verduras, frutas) están esterilizados, es por ello que se conservan por mucho tiempo. También se utiliza la esterilización con la leche (leche estirilizada y leche UHT), la cual dura meses (en envase cerrado) en comparación con la leche pasteurizada no esterilizada.
Debido a que los alimentos fritos poseen un mayor valor calórico y provocan una digestión más larga que otros alimentos, es conveniente moderar su consumo y aprender la forma correcta de llevar a cabo una fritura.
Si realizamos una fritura correcta la pérdida de calidad nutritiva puede ser mínima.
La fritura se debe realizar correctamente para evitar dos resultados no deseados : la pérdida de nutrientes debida a las altas temperaturas que alcanza el aceite; y el aumento del valor calórico de los alimentos causado por un exceso de tiempo de fritura, lo que lleva a una impregnación excesiva de grasa.
Por lo tanto, aquí damos algunos consejos básicos para realizar una correcta y sana fritura:
Aceite a utilizar: el mejor aceite para una fritura es el aceite de oliva, porque tiene un punto de humo mayor que los otros aceites (es decir, soporta temperaturas más altas que los otros aceites).
Si el aceite se quema, se pueden producir compuestos irritantes o tóxicos. Debido a que cada aceite tiene su propio punto de humo, es importante no mezclar diferentes tipos de aceite a la hora de freír, y también no reutilizar muchas veces el aceite de fritura.
Cantidad a utilizar: Es recomendable utilizar abundante cantidad de aceite. El alimento a freír debe "nada en aceite"
Lavarse bien las manos. La manos son el principal vehículo de transmisión de microorganismos. Es más higiénico lavarlas con agua potable y jabón líquido, y secarlas con aire caliente o toallas de papel. Debemos mantenerlas siempre limpias tras estas situaciones:
Tras ir al cuarto de baño.
Tras tocarnos la nariz, boca, cabello o heridas.
Tras estornudar o toser.
Tras tocar un alimento crudo, como aves, pescados y carnes.
Tras tocar la basura y el dinero.
Tras limpiar, desinfectar o usar productos químicos.
Tras tocar animales o mascotas.
Tras fumar o comer.
Tras cambiar al niño los pañales.
Antes de entrar a la cocina.
Antes de tocar los alimentos.
Llevar siempre las uñas cortas y limpias. Es conveniente llevar siempre las uñas sin esmalte al cocinar, ya que el mismo oculta loa suciedad acumulada. También es importante no llevar anillos y si tenemos alguna herida, cubrirla.
En la cocina encontramos toda clase de objetos que pueden causarnos daño, como cuchillos, tenedores, cristales, abretalatas, productos químicos, gas y fuego.
Por ello, existen algunas medidas de seguridad para evitar quemaduras, explosiones, cortes, golpes, etc. Algunas de las medidas que hemos de adoptar son :
La cocina no es un lugar de recreación. No permita que sus hijos jueguen en la cocina o que entren cuando se está cocinando algo caliente.
Procure que los mangos de las ollas y sartenes no sobresalgan de la cocina.
Trate de cocinar con los fuegos más interiores de la cocina. Así evitara que los niños alcancen ollas y sartenes.
Si usted tiene un horno convencioanl, instale un aparato de seguridad para detectar fugas de gas.
Para evitar incendios, procure desconectar los electromésticos y apagar el gas antes de irse a dormir o de vacaciones.
Para conservar por más tiempo los alimentos crudos y cocidos, debemos almacernalos a temperaturas inferiores a la de refrigeración, mediante la congelación. Por lo general, cuanto más baja es la temperatura de congelación, menor es la velocidad a la que se reproducen las bacterias de los alimentos. La temperatura ideal para conservar alimentos congelados es de -18º C o menos.
Para una correcta congelación de carnes y aves, debemos sacar el producto del envase inicial, eliminar la grasa visible y los huesos. Con el pescado, se procede a descamar, destripar, separar la cabeza, lavar y secar.
Es conveniente envolver los productos en porciones más pequeñas. De esta forma, no tendremos que descongelar la pieza entera si deseamos consumir una menor cantidad. Cuanto más pequeñas sean las porciones a congelar, mejor y más rápida será la congelación.
Para envolver los productos a congerlar, podemos utilizar bolsas de plástico herméticas, tratando siempre de quitar la mayor cantidad de aire posible. También es conveniente anotar la fecha de congelación en la bolsa de plástico. Así, sabremos qué productos deberemos consumir primero.
Antes de congelar verduras y hortalizas (con excepción de cebolla y ajo) debemos cocinarlas o blanquearlas. Consiste en sumergir la verdura durante 2 minutos en agua hirviendo. Así, lograremos detener el proceso de deterioro de las verduras y eliminar bacterias.
Es cuerpo necesita un aporte diario de proteína para reparar y mantener sus órganos vitales. Los músculos, el sistema inmunitario y todos los enzimas están compuesto por proteínas. Una de las funciones vitales de la proteína es es estimular el glaucón. El glaucón tiene el efecto fisiológico opuesto de la insulina. De hecho, actúa como el principal controlador de la producción excesiva de insulina. El exceso de insulina es lo que nos engorda, nos hace sentir hambrientos, nos impide tener claridad mental, disminuye nuestro rendimiento físico y nos hace más propensos a contraer enfermedades crónicas.
Por lo tanto controlar la producción de insulina es vital, y para hacerlo, la clave es la proteína.
Una vez aclarada la importancia de la proteína, tenemos que saber la cantidad necesaria de proteína que podemos consumir al día. Se suele decir "no consumas mas proteína grasa en una comida, que la que te quepa en la palma de una mano". Es decir, en una comida, no deberías ingerir mas de 150 g de pechuga de pollo. Esta medida es un solo un ejemplo, ya que las necesidades de proteína dependen de cada persona en particular.
Los nutricionistas creen que entre el 10% y 20% de la ingesta calórica diaria, debe provenir de las proteínas. Es decir, si se consumen 2000 calorías diarias, por lo menos entre 200 y 400 deben provenir de las proteínas.
Los vegetarianos, sin embargo, deben hacer frente al hecho de que las proteínas vegetales no son tan completas como las de las carnes y lácteos. De hecho, los expertos señalan que es necesario comer cerca de un tercio más de proteínas cuando la misma se obtiene solo de fuentes vegetales.
Modificado el ( viernes, 21 de septiembre de 2007 )
Instrucciones Limpie bien las acelgas, córtelas en trozos de unas 4 cm de largo y lávelas varias veces en agua fria. Cocer en abundante agua hirviendo con sal dejándolas un poco enteras. Escurrir cuidadosamente, apretando con un paño de cocina para que pierdan el exceso de agua. Mientras tanto, rehogar en el aceite a fuego moderado, los dientes de ajo, cuando estén dorados retirar de la sartén y añadir los filetes de anchoa aplastándolos con un tenedor hasta que se deshagan completamente. Agregar los tomates sin piel y sin semillas y tritular con el tenedor. Remover mezclando bien y dejar que cueza a fuego muy lento durante 15 minutos. Cuando la salsa se haya reducido, añada las acelgas y deje que se rehoguen. Sazone con un poco de pimienta, removiendo varias veces con una cuchara de madera y sirva enseguida.
El calcio ayuda a desarrollar huesos y dientes fuertes. La leche y los productos derivados de la leche son buenas fuentes de calcio. Si su hijo no puede digerir la leche, o si usted decide no servir productos de leche en su casa, hay otras maneras de asegurarse que su hijo obtenga suficiente calcio.
Sirva vegetales ricos en calcio como el brócoli, las acelgas, las hojas de berza y de mostaza, los berros, las coles de Bruselas y otros vegetales de hojas verdes.
Incluya frijoles ricos en calcio como los frijoles rojos, negros, blancos, pinto, carita, garbanzos y lentejas en sus platos favoritos y en ensaladas.
Pruebe bebidas enriquecidas con calcio a base de soja o de arroz. Sírvalas heladas, úselas en lugar de leche de vaca en las recetas favoritas o añádalas a los cereales calientes o fríos.
Sirva leche o productos derivados de la lecha que tengan menos lactosa o sin lactosa, como el yogur, helados y leche sin grasa o baja en grasa. (Se llama lactosa al azúcar que se encuentra en la leche o en los productos hechos con leche. Las personas que no pueden digerir la lactosa a menudo tienen dolor de estómago o inflamación cuando toman leche.)
Pruebe yogur o queso bajo en grasa en cantidades pequeñas. Pueden ser más fáciles de digerir que la leche.