|
Los niños que duermen menos horas de las que necesitan tienen mayor riesgo de desarrollar obesidad, según concluye un estudio de las universidades de Michigan y Arkansas (EE. UU.) difundido ayer por la revista Pediatrics. El estudio ha evaluado, por un lado, la relación entre las horas de sueño y el índice de masa corporal en niños y niñas de doce años. Resultado: por cada hora más de sueño, la probabilidad de sufrir sobrepeso se reduce en un 20%. Por otro lado, se analizaron los hábitos de sueño y las características físicas en escolares de nueve años y, tres años más tarde, se ha comprobado si tenían alguna relación con el sobrepeso o la obesidad a los doce. De nuevo, por cada hora más de sueño a los nueve años, se reducía - en este caso, un 40%- la probabilidad de sobrepeso a los doce.
El estudio se ha basado en una muestra de 785 niños estadounidenses y ha tenido en cuenta factores como el sexo, la raza y el nivel socioeconómico. Esto ha permitido descartar que el aumento de peso y el déficit de sueño sean consecuencias independientes de un tercer fenómeno - por ejemplo, padres que desatienden a sus hijos podrían, por un lado, despreocuparse de cuánto duermen y, por otro, despreocuparse de lo que comen-.
Según los autores del estudio, hay una relación directa entre las horas de sueño y el riesgo de sobrepeso y obesidad, aunque sus datos no permiten precisar en qué consiste esta relación. Para explicarla, ofrecen tres hipótesis posibles.
La primera es que el sueño regula el metabolismo del cuerpo humano - esto está demostrado- y lo podría hacer de un modo que favoreciera el aumento de masa corporal - esto es más hipotético-. Los autores de la investigación apuntan que la clave podría estar en la leptina, una hormona que inhibe el hambre y que está regulada por los ciclos de sueño y vigilia.
Una segunda hipótesis, que no excluye la primera, es que "los niños que van cortos de sueño estén más cansados durante el día; esto les llevaría a tener un ritmo de vida más sedentario. Finalmente, también es posible que la falta de sueño, al provocar irritabilidad y mal humor, lleve a algunos niños a comer más alimentos hipercalóricos. Algunos niños, señala Lumeng, "sacian su angustia e inquietud comiendo. Artículo completo www.lavanguardia.es/lv24h/20071106/53409179474.html
|